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Mi compañera

No, no eres mi luna,
ni yo soy tu planeta,
aunque de entre todas las estrellas
tú eres mi una.

Eres esta dulce órbita
que va más allá de los cometas
el magnetismo que orienta
y me acerca a la conquista.

Tu sonrisa tiene la luz
de todas las galaxias infinitas
siento la pertenencia en mi vida
ojalá y la causa seas tú.

No importa el camino
algo me hace sentir así
es la traslación, es mi destino
si me llamas volveré a ti.

Tanto como gravedad es atracción,
sin ser un reo o tú mi prisionera
eres mi binaria compañera
de esta fuerza llamada amor.

 

Como vivir una vida apasionada, Isabel Allende

Es muy reconfortante saber que siempre se puede aprender de otros y de su experiencia, aunque nada se compara en sí con vivir las cosas en carne propia, es la madurez es la que nos ayuda a digerir algo que no hemos comido, pero para eso somos es nuestra inteligencia y eso no nos quita lo soñadores, como a Isabel Allende cuya narrativa siempre es cautivadora, aunque nos hable de sus fantasías sexuales con Antonio Banderas después de una interesante plática de como vivir apasionadamente.

Página de referencia.

Trampa

Ya te habrás imaginado que esta carta es para ti y fue puesta aquí por si te daba curiosidad y bueno, no pudieras evitar leerla.

Quizás pienses que en ella habrás de toparte con la bipolaridad que me ha caracterizado estos días y en el tonto vaivén de irse en calma como marea y volver agitado con las olas. Tal vez supondrás que pretendo ser muy elocuente, escribiéndote cosas lindas; como cuanto vales o cuán importante eres para mí, que podría atacar tu lado salvaje y decir cuanto extraño tus besos, tus labios, tu piel de fuego sobre mí y sé que no descartas que hasta puedo abogar por tu lado tierno y hacerte pensar en todo lo vivido o en las planes por venir.

O en el peor o mejor de los casos, no sé. Pedirte disculpas, soltar dos que tres lágrimas de cocodrilo, pero bien sabemos que eso ni yo me lo creo.

Mira niña; eres la mujer que yo quiero. La musa que inspira regresar a casa sin importar lo fatigado del trabajo, el motivo de salir del paro. Eres el regalo más tierno al despertar y la bendición más grande que tengo cuando cierro ojos y brazos al rededor tuyo y roncar. También eres la segunda mujer en la faz de la tierra que me saca de quicio de tal manera que quiero gritar, eres quién me desespera y me hace tirar la toalla aún sin haber peleado porque no soy tonto, sé bien que me derrotas fácilmente en la arena.

La otra mujer es mi madre.

Eres una tonta y una santa y una puta y una dama y eres todo lo que quieras, porque eres maravillosa y todo lo que me digas me lo creo porque te quiero ¿te das cuenta?. Eres la única que puede arrastrarme al infierno imitando mi estúpida veteranía de ignorar los sentimientos, la única persona que me hace huir despavorido, la única que me hace darme cuenta cuán falso soy, cuando me quedo cobarde sin respuestas.

No eres ni mi orna, ni mi zapato, ni mi cruz, ni mi condena, no eres la mártir de mis lamentos, ni la niña indefensa que llora en un entierro. No eres ni perfecta ni yo perfecto, si al contrario nos desvivimos por encontrarnos los defectos y echarnos en cara cada vez que podemos y peleamos hasta que nos hallamos agotados de tanto tonto pensamiento.

Ni sé bien porque te quiero, si me dueles por momentos y también me pregunto porque tanto intento, si valdrá la pena, si habrá un reencuentro. Que no sepa el porque te quiero no significa que no te quiera, pues te quiero.

Te quiero mansa y desesperadamente, loca y en relativa calma, te quiero aquí y te quiero lejos, te quiero ahorcar mientras te beso.

Te quiero a ti y te quiero dentro de mi trampa, te quiero prisionera de mis besos, de mi infierno cuando dudo, pero protegida cuando sé que te quiero. Te quiero con todos tus deseos, tus impulsos locos, tus canciones y conciertos, te quiero con el desastre que dejas cuanto te tiñes el pelo, te quiero con tus tonterías afines a las mías, con tus días largos y sombríos, te quiero con tus risas, tus gritos y alegrías.

No me preguntes motivos porque no los tengo, ni me pidas una razón para quedarte; porque nosotros juntos somos la razón y el motivo. Y aunque este quizás no sea el último pleito en nuestra guerra, quiero que sea la única tregua y vivir fieles al otro; nuestro dueño.

 

Sombras

Entonces ella entró en la habitación y cerró la puerta con fuerza reflejando su enojo. Yo permanecí en las sombras sin mover un dedo y la observé detenidamente. Claro, ella no era una chica normal, pues en vez de tenderse sobre la cama a llorar, le dió otro uso a esta.

Sin dudarlo se quitó rápidamente el pantalón, abrió las piernas y jugueteó con su mano por encima de su pantaleta. El miedo a que me descubriera se me había ido por completo. Ya todo lo llenaba el deseo de alguien que acosa desde la oscuridad.

Su respiración apenas era perceptible pero distinguía como se agitada a cada minuto, después de unos momentos ya no era solo su mano la que le acariciaba la piel, eran también mis ojos colmados de una lujuria casi perversa. Ella no se estaba masturbando, estaba sacando todos sus demonios hasta que pronto comenzó a retorcerse,  curvar su espalda y a exhalar espasmos en su respiración. Sin duda se estaba viniendo pero para nada terminando. En un segundo se despojó de la poca ropa que le quedaba y la arrojó al armario donde yo me escondía, donde pude —aún más— percibir su olor.

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Confesión

Quiero confesar lo que vengo escondiendo,
de rodillas, en papel, al teléfono o de frente.
Quiero que sepas que te quiero,
del día a la noche, de la luna menguante  hasta el cuarto creciente.

Quiero que sepas que aunque no lo sepas ya eres mía,
a ojos cerrados cuando tu imagen se cuela en mi pensamiento.
Entérate que también me siento tuyo,
de brazos abiertos, a capa y espada, con el pecho ardiendo.

Quiero que lo sepas porque debes saberlo,
porque me obliga el corazón, la consciencia, el interior.
Escucha mi vibrante voz a grito entero,
siéntelo sincero, honesto, humilde y sin temor.

Quiero declarar que soy culpable,
de acosarte, desearte y luego esconderte la mirada.
Quiero que sientas este deseo incontrolable,
que ya no puedo seguir fingiendo, ni ocultándote las ganas.

Quiero pedirte un instante,
tú decides cuándo, dónde y el vestido.
Quiero advertirte sobre el deseo palpante
de compartirte mis días, mis besos, mi destino.

Hablarte de amor

Hoy me pides hablarte de amor
y me pregunto para hacerlo, ¿quién soy?

Para responder ni uno más, ni uno menos,
quizás sea aquél que ha sentido amor,
pero ni el que más, ni el que menos
sólo soy él que alguna vez trató.

¿Sabes cuántas veces me enamoré?
Cuántas me di entero o en abonos
¿Cuántas veces me juré?
Esta sí, esta vez, ella es.

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Fusión

Son las noches —quizás— que pasé sin ti, ¿cuántas noches le caben a todos mis años? Me basta una noche contigo, una locura extra para romper con lo sano, para que te unas a mis brazos, estos te sirvan de abrigo y duermas en ellos con caricias de mis manos.

No necesito que el tiempo venga a decidir por mí, ¿cuántas veces lo ha hecho y me ha causado daño? ¿cuánto tiempo más, cuántos meses pretende que pierda en vano?

Por eso he venido a decirte; que no necesito mil poemas, ni a la Luna —me disculpe ella—, ni que sea la ocasión, ni la playa, ni suene la canción más bella y no necesito advertir otra equivocación.

No hay nada seguro en el amor, ni en la vida, ni el próximo paso, ni el próximo error. Todos andamos con miedo de pisar el olvido y terror a encontrarnos perdidos —de nuevo— en desolación. ¿Y acaso saberlo lo ha evitado?

Te quiero en mi vida, te quiero para hacer fusión, te quiero y me quiero a tu lado.

 

You wanna be my whore?

Esta mañana me levanté tarareando una canción que no existe y vaya que sus estrofas me las sabía de memoria, mientras realizaba mis tareas cotidianas cantaba y cantaba versos como:

Do you wanna be my whore?
I’ll your gentleman,
I’ll dress a gray suit
while you wear heels shoes.

 

She came over me,
blow my mind away,
she also blow my dick
and I came over her.

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El amor de nuestras vidas…

     

Era una tarde de abril, sentada en una banca de un jardín cualquiera de la ciudad, entre las páginas de un libro fue donde apareció la incógnita…

¿Realmente existirá aquello que todos llaman “el amor de mi vida”?

Fue entonces que decidí caminar sin rumbo fijo, admirando la belleza que emanaban de las parejas que transitaban, puse atención en sus rostros, y todo apuntaba a que algunos estaban con la mujer de su vida, otros, con el ser que les despertaba ilusiones, y unas tantas sus ojos brillaban de una manera peculiar.

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