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Como vivir una vida apasionada, Isabel Allende

Es muy reconfortante saber que siempre se puede aprender de otros y de su experiencia, aunque nada se compara en sí con vivir las cosas en carne propia, es la madurez es la que nos ayuda a digerir algo que no hemos comido, pero para eso somos es nuestra inteligencia y eso no nos quita lo soñadores, como a Isabel Allende cuya narrativa siempre es cautivadora, aunque nos hable de sus fantasías sexuales con Antonio Banderas después de una interesante plática de como vivir apasionadamente.

Página de referencia.

Quedarme quieto

Estoy casi seguro de que vi pasar tu mirada en un tren que viajaba en sentido contrario. Tú, esa persona que creí conocer y que al paso de los años más me convence de su cambio. Me bajo en el próximo andén para viajar en tu misma dirección aunque sepa que en el fondo me va a doler.

Sucede que te encuentro nuevamente porque tú también cambiaste de dirección y esto se convierte en una persecución por una ilusión de lo que creí que seríamos juntos. No sé si soy yo el que se aferra o eres tú la que huye porque no quiere de mí lo que ahora soy. No sé si estamos en constante huída o nos buscamos de la forma más absurda.

Me da mucho miedo perderte de vista un día y no volverte a ver, por eso es que me he mantenido en este vicio de verte aunque sea un instante todo los días.

Pero he decido (así como te dicen de niño) quedarme quieto para que cuando me sienta perdido, hacer de este limbo mi momento, de la reflexión mi tregua y mientras aquí me quedo, por si algún día te compras un boleto de solo ida y sea porque de verdad lo quieras y no culpes al destino; que llegues aquí, donde yo te espero.

Había una vez

Había una vez un chico que comenzó a contar una historia, él escribía lo que le llegase a la mente, mezclaba verdades con fantasías, el erotismo de las palabras con la mágica ficción de mundos inherentes.

Él escribía sus historias para ti, porque esperaba que algún día llegases aquí y cayeras en la trampa de sus letras, escribía porque quería encontrarte y una vez presa nunca querría soltarte.

Aún sin conocerte él te imaginaba, así, perfecta como eres. Te esperó detrás de la pluma y el papel, de la rutina de los amaneceres; paciente y anhelante. Te imaginó de mil maneras y te buscó en mil mujeres pero siempre se topo con el mismo fracaso en todas ellas. Ninguna eras tú.

Así que tuvo una loca visión y creo este espacio, donde relataría que de entre todas las mujeres eras tú el motivo de seguir buscando, que de entre todos sus fracasos te encontraría a ti, su ser amado.

Y había una vez una chica que llegó inesperadamente al que creyó un sitio más y sin embargo encontró un extraño resguardo a sus curiosidades y demás. Si bien no dijo nada, supo en ese instante que algo de su esencia allí le esperaba, aunque no supo distinguir si se trataba del antes, del después, o quizás de una vida pasada.

Ella se sonreía al leer sus letras, él continuaba narrándolas con vocación y aunque aún no se conocían; ambos supieron que encontraron el amor.

Después de ti

Sé que para empezar te sonará muy poco delicado decir que algo tan maravilloso como haberte conocido fue perderte. No te asustes —verás—, tu paso aquí en mis labios y en el color de mis mejillas han dejado una herida que se lamenta como cualquiera otra, pero no es cualquier otra, es tuya y en ella me fluyen tus recuerdos; esos fantásticos momentos en que fuimos un millón de estrellas y pudimos volvernos más que energía, más que materia.

Esta herida que me dejas es la prueba de que sigo vivo y de que todo lo vivido no ha sido en vano. Te confieso que me dediqué por cierto tiempo a querer recuperarte de las maneras más ingenuas y entonces te escribí uno, dos, tres y más poemas y todos fueron tuyos mientras te pensaba en ellos. Más tarde comprendí que  fueron míos solamente.

¿Qué sería de tu recuerdo sin el jolgorio espontáneo, sin la dolencia arrastrada, sin —pues— tus efectos secundarios? Esos que me estremecen como dolor de huesos y que al mismo tiempo duelen lo que nuestra historia merece.

No sé si antes de ser hombre fui solo una sombra más que mecánicamente adapta sus latidos a este mundo y lo miraba con pesar. Pero sí sé que para mí la vida no era más que una mecha que acorta de a poco la muerte, pero entonces —y de forma absurda— llegaste y de mi raquítica esperanza, de mi paso vagabundo, de mi apenas perceptible existencia; quedó la vida que no sabía que tenía hasta conocerte.

Pese a haberte perdido, me encontraba lleno de tesoros tuyos y no solo me refiero a los recuerdos, sino de esa experiencia única e inevitable que llamamos destino. Quizás fui un feliz tonto sin ti. Como cuando uno está moribundo y alcanza apenas a salvar la vida; que hasta la más humilde luz nos parece un milagro. Y es que sonrío porque agradezco que en mí te hayas fijado y me bendijeras con esos besos tuyos que me espantaron la muerte, que hicieron correr la sangre en mis mejillas hasta enrojecerlas y que mostraron lo blanco de mis dientes. ¿Cómo no estar agradecido?

Por eso digo que lo mejor y al mismo tiempo lo peor que a uno le puede pasar después de amar; es saber que sobrevivirás.

Llamada

—Hola soy yo.
Lamento llamar tarde,
siento molestarte
pero quería escuchar tu voz .

Te quiero preguntar
sobre tu día,
sobre tu vida
y lo que te gusta soñar
(cuando no te despiertan mis llamadas).

Descuida, seré breve;
quiero invitarte a salir,
cualquier lugar me apetece
con tal de escucharte reír.

Descuida, pronto será;
en un par de días por fin llego
y quiero mirarte a ti primero
antes siquiera que al mundo detrás.

 

¿Qué se siente?

—¿Qué se siente?

—¿Qué cosa?

—Tenerme tan loco por ti.

—¿Loco como en tus cuentos?

—No precisamente. Al contrario, porque aún creyéndome inteligente y elocuente. Pretendiendo que podría enamorarte con palabras, con poemas, con la sensibilidad que ya ningún hombre tiene o con la madurez de unos brazos firmes, de una mirada tierna, de un beso dulce y profundo y apasionado. No.

Me tienes loco porque me gustas, como cuando te gusta alguien y dejas de pensar. Cuando no te salen las ideas, ni los poemas, ni la elocuencia y lo brillante que te crees se convierte en torpeza y la tartamudez invade hasta tus letras. Y te quedas quedas callado, celoso de los demás que te tienen cerca, que tienen una posibilidad de besarte y uno se queda añorando y reclamándose así mismo, llamándose —¡Idiota!, ¿en qué estabas pensando?—.

Porque simplemente me gustas y yo nunca supe expresarlo. Así de loco.

—Ustedes los poetas son tan diestros.

—Ese es el problema de que te crean poeta. De alguna forma pierdes el derecho a sentir, a cometer errores en las rimas y decir algo visceral como ¡me gustas chingada-madre!

No lo toman a uno en serio, porque debe ser una treta de la edad y en realidad uno solo quiere expresar así como pinta el artista o canta el tenor, así como calla el sabio o escribe un autor, yo tan solo te quiero besar.

Lo sé

Me pregunto, pero no te pregunto a ti porque te sé, se nota y no soy tonto aunque también sepa que está mal suponer. Me pregunto si me piensas, pero no te pregunto porque sé, me hago tonto y me convierto en cualquiera por sentir celos, esta mal lo sé.

Me pregunto porque me quieres y no te pregunto porque sabes que sé que te molesta  lo pregunte en vez de que lo sienta. Sé que odias al que piensa en vez de ser lo que en el fondo es. Me pregunto porque te quiero y no te pregunto porque tengo miedo a la respuesta, pues más que amor siento odio que no seas mía, ¡esa es la molestia!

No te lo pido porque no quiero que lo seas, porque ya vengo siendo tuyo aunque no lo diga pero me encargo de que lo sientas. Me libero un poco al olvidarte y no lo digo para no decepcionarte, no me dejo libre del todo porque te recuerdo y entonces la libertad me pesa.

Algún día mencionaste eso de ser novios y que lo hayas dicho me atormenta, porque sabes bien que no somos eso que quisiéramos que el otro fuera. Aunque digas que me quieres tal y como soy, tarde que temprano sabes que sé que vuelas y yo me vuelvo loco porque esa es nuestra naturaleza.

Hace meses que nos tenemos mutilados y no nos unimos aunque a otras personas les quitemos la vida a pedazos. Hace meses que guardo en mis secretos tus abrazos y en estas ganas de tenerte en aventuras, delirios y proezas.

No te creo que me quieras aunque diga lo contrario, no te creo que sea yo a quién esperas me lo repito a diario. Sé que soy tonto al pensarlo y te diré que ya sabes lo que soy, responderás entonces que también sabes de engaños, sobre todo los relacionados con amor.

Lo que no sé es lo que quieras, si el cuerpo y todo cuanto tuve te lo dí. No sé que sea lo bueno que me veas, ni si conoces el mal hay en mí. No pretendo que me quieras si al contrario te he pedido que me olvides casi a diario y no es lo que puedas enseñarme sino lo que ya te he aprendido.

Y no te culpo, te agradezco. No te digo que te quiero y no te miento ni reclamo. No porque en el nombre hayas mentido, es por aquello que no sabes que me has dado.

Te odio apasionadamente y bien sé que lo sabes.

Fusión

Son las noches —quizás— que pasé sin ti, ¿cuántas noches le caben a todos mis años? Me basta una noche contigo, una locura extra para romper con lo sano, para que te unas a mis brazos, estos te sirvan de abrigo y duermas en ellos con caricias de mis manos.

No necesito que el tiempo venga a decidir por mí, ¿cuántas veces lo ha hecho y me ha causado daño? ¿cuánto tiempo más, cuántos meses pretende que pierda en vano?

Por eso he venido a decirte; que no necesito mil poemas, ni a la Luna —me disculpe ella—, ni que sea la ocasión, ni la playa, ni suene la canción más bella y no necesito advertir otra equivocación.

No hay nada seguro en el amor, ni en la vida, ni el próximo paso, ni el próximo error. Todos andamos con miedo de pisar el olvido y terror a encontrarnos perdidos —de nuevo— en desolación. ¿Y acaso saberlo lo ha evitado?

Te quiero en mi vida, te quiero para hacer fusión, te quiero y me quiero a tu lado.

 

Un tonto engaño

Despedirme es un tonto engaño, para ti que lo crees y para mí al pronunciarlo. Si de verdad quisiera huir no lo diría, partiría sin la gloria de tu recuerdo, sin la añoranza de abrazarte más, sin el pecado de someternos al placer de un sueño carnal. Si no te quisiera no estaría aquí parado fuera de tu ventana sintiéndome un tonto y no obstante ahí estaba guardando que no se colara ningún otro viento más que el de mi suspiro. De no haber advertido mi retiro y luego haber partido no podría regresar.

Estar lejos de ti es una cuerda bien amarrada a tus caderas que se tensa cada que pienso en tus besos, se me enreda en el cuello cuando estoy apartándome lo suficiente para sentir la asfixia de un recuerdo —elige cualquiera—.

Advierte un polizón en tu cama, que he de trepar ese árbol que parece no sostener ni sus ramas. He de llegar como sea hasta tus pies fríos con mis manos cálidas, he de trepar esas piernas tuyas así interrumpa tu noche calma. Disfruta con esa sonrisa dibujada de catadora de sensaciones encontradas, goza de mi ausencia de cuerpo presente pues no soy yo quien te toca, es mi recuerdo el que te recorre toda.

Despedirme ha sido un tonto engaño, aunque de no haber partido; nunca habría regresado.

 

Diablo Guardián

Mírame bien: no soy Supermán.
Óyeme mujer, yo soy tu Diablo Guardián.
He venido hasta aquí para seguirte a ti,
mi boleto de regreso hace rato lo perdí.
Ya sé lo que dicen si me ven pasar:
tengo cola que me pisen y no sé rezar.
Yo soy aquel que explora tu interior,
soy Caín y soy Abel en tu retrovisor…
¡Mi Cielo!

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