A ratos me entra la desesperación por correr a tus brazos, pero me acuerdo del mundo, de sus reglas y aquél sermón de lo prohibido y me olvido. Luego me acuerdo de vos — ¿debería? — y de esos ojos claros, tu carita linda y tu cuerpo que precisa ser tocado, —tal cuál— apasionadamente robado, tomado entre caricias para ser amado; se me pierde otra vez el suelo, a ratos se disuelve la inocencia y te deseo, entonces me crecen las alas.

Y me pregunto — ¿para qué quiero alas si no es para volar a tu lado? — y aleteo con mi pensamiento más fuerte y a ojos cerrados, volando entre dulce perfume tuyo mezcla de sueño y realidad, de ángel y demonio, de puta y de princesa. En cualquier momento me hallo en tu cuello navegando curvilíneo entre los tersos de tu piel, besando tus oídos y acariciando las palmas de tus manos pendiente de suspiros y deseos, contemplando el recorrer de tu mirada porque al primer descuido muerdo.

Quisiera entonces estar envuelto más en caricias tuyas que en el aire del cielo flotando, no quiero despertar pero despierto y miro el techo, veo de costado, estiro las manos para comprobar y encuentro  hueco.

Pienso que Dios me está jugando chueco, pero corrijo y entiendo que tu ausencia es mi reto. Que los sueños más que para ser soñados; deben ser alcanzados apenas despertar, así que termino con los ojos animados, contento de soñarte.

Acolchono con las manos la almohada y pienso en el aroma de tu perfume y sexo y en todas las noches que dormirás en mi cama, —a ratos— advierto.

Un comentario en “A ratos”

  1. “… finito y exquisito, inhalo nuevas añoranzas de tus escritos gracias por compartir … salu2 besos y abrazos … sigue haciendolo tan excelente como siempre …”

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