En efecto, nos volvimos a ver.

Pero ella había perdido ese aire de superioridad, esa mueca suya  que daba a entender de manera cínica que ella me hacía un favor al acostarse conmigo. Esta vez, su sonrisa era bastante más relajada y menos fingida lo cual también a mi relajo mucho.

– Tenías razón, me susurró al oído.

Muchísimo antes de entender que quería decir con esas palabras, mi cuerpo ya se había estremecido al ligero contacto de sus labios en la piel. No pude evitar encoger mis hombros y alejarme un poco con una risa estúpida e incómoda, lo cual ella noto de inmediato y regreso casi instantáneamente a su estado anterior. Le gustaba tener el control.

Por supuesto, ella se refería a un comentario que le hice sólo por alardear; sugerí que después acostarnos quizás no querría dejarlo en algo de sólo-una-vez y desearía repetirlo. Se refería a eso estoy seguro, pero ya era tarde para dejar crecer mi ego. Mi tonta reacción ante sus susurros habrían acabado con la oportunidad de tener el control y ¡rayos! eso era precisamente lo que había estado planeando.

Charlamos sobre las cosas tontas que charlan las parejas que saben por antelación que terminarán en la cama y no es que considere estúpida ni poco relevante aquella conversación, siendo muy honesto; no ponía atención a nada que no fueran mis fantasías con ella.

¿Te ha pasado que tienes a una persona enfrente y tu simplemente fantasías con cogértela ahí mismo?, la imaginación nunca me había faltado y vaya que para ese entonces, al mirar el abrir y cerrar de su boca, el contorno de sus labios, sus dientes, ver asomar su lengua… pfff, mi imaginación habría tenido fácil 5 orgasmos para cuando terminamos de tomar el café.

Noté cercano el final de la velada o al menos nuestra estancia en la cafetería y con una curiosidad mucho mayor a mi pudor, quise comenzar a experimentar con “el control”, ese discreto rol de poderío con el que juegan las parejas. Debido a que en nuestro último encuentro ella me había ordenado con la mirada y muy discretamente que le diera sexo oral. Me había puesto de rodillas frente a ella y abierto sus piernas,  bueno quizás no fue tan discreto, pero era definitivo que ella tenía el control.

La mayor prueba es que yo ni siquiera me había venido, estaba tan entretenido que me olvidé por completo de mi mismo, de mi placer, de mi orgasmo… Y no es que me queje, en realidad estaba completamente sumergido en su cuerpo, mis manos en algún momento se habría confundido entre su piel, habría sido imposible separarlas de aquel recorrido entre sus nalgas y senos y…

Ahí estoy otra vez, fantaseando con ella mientras termina su café y me sonríe bien consciente de que estoy en la Luna.

Salimos del lugar; durante el camino voy planeando como tocarla furtivamente, como acosarla en el pasillo, en el ascensor, cuando pagamos el estacionamiento, pero no. A veces soy demasiado torpe pensando demasiado las cosas en vez de hacerlas y yo mismo me lo recrimino ¡Demonios!

A veces, fantasías tanto con una persona que cuando la tienes en frente es muy difícil llevar esas caricias a la realidad, digo, porque es fácil en mis sueños imaginar que hace todo lo que yo quiero, pero aquí, sentada en el coche sonriendo y preguntando a dónde vamos, se me complica un poco más contestarle:

– A cogerte riquísimo. Respondo en la mente

Sin responder enciendo la radio con la música que ya había preparado, la miro y sonrío ya que mi valor se recobra poco a poco. Por fin el chico torpe y tímido se aleja. Creo que la música es terapéutica, sí, una buena música puede inspirarte a todo tipo de cosas y en este caso habría comenzado así:

Ella se encontraba cantando y mirando la ventana, cuando la sorprende mi mano en su pierna que hacía todo menos permanecer quieta, al principio creo que le incomodó el hecho de ceder un poco el control, pero quizás eso es lo que ella quería. En nuestras conversaciones le había hecho saber lo conveniente que había sido que en nuestro encuentro anterior llevase falda y supongo que esa es la primordial razón por la que en esta ocasión también, lo digo porque acostumbra usar jeans ajustados de esos que disfrutan más los tipos que la ven caminar por la calle (hijos de puta).

Convenientemente mi mano se deslizo por todo su muslo, a ella le gustaba pues su sonrisa pícara y ojos más frecuentemente cerrados me lo decían, pero obvio era que a mí me gustaba más por mi notable erección que no tardo en tomar en sus manos.

Con cierta molestia interna le permití apretar mi pene por encima del pantalón sin inmutar un centímetro mi cara, hacerme perder el control es lo que ella quería y es precisamente lo que no estaba dispuesto a permitir. Rumbo al hotel que tenía destinado vi una calle oscura y acelere como un demente, tanto que ella se asustó apartando las manos rápidamente para sostenerse mientras yo maniobraba para estacionar el coche con rapidez.

No la habría besado en toda la noche, pero tardé más en pensarlo que en lo que mis labios estaban sobre su boca. Ni siquiera recuerdo haberme quitado el cinturón de seguridad, pero mi lengua ya estaba dentro de ella que respiraba con fuerza y no por el beso, ni por mi mano que se había colado entre su vestido, sino por el susto y aunque su corazón ya estaba acelerado, yo solo hice que el ritmo no se detuviera.

Su mano empujaba mi pecho queriendo respirar un poco, así que apenas y aleje mis labios de los suyos el espacio justo para que nuestras bocas permanecieran abiertas y suspirando agitadas, su cabello ya era un desastre y sé que está excitada por que no hace el mínimo intento por arreglarlo.

Mi mano es un amante más en el auto, mientras que yo muerdo y succiono de su boca, acaricio sus senos hábilmente y como todo un cortoncionista por debajo del vestido, que delicia tenerla a mi merced a la plena disposición de mi lujuria. Disfruté de su cuerpo, casi la desnudé ahí mismo pues sus senos ya estaba por fuera del vestido, su falta por encima de su cintura y su pantaleta muy pero muy mojada.

Tuve una descabellada idea, así que me dispuse a disfrutar de su lengua y del dulce sabor de su saliva. De morderla intensificando el rito para de pronto apartarme dejándola boquiabierta.

Ella apenas y entendía que había pasado mientras que yo ya estaba conduciendo con una sonrisa que me era imposible de esconder, justo en ese éxtasis me aleje para hacerla desear más, para hacerla fantasear todo lo que yo había sufrido bajo su hechizo.  Terminaba de arreglarse cuando ya arribamos al hotel.

Arreglaba torpemente su cabello en el ascensor mientras mis mano manoseaba sus nalgas del E1 al piso 11, nunca la solté de la mano durante el eterno camino a la habitación. Apenas abrí la puerta y me aseguré de que estuviera dentro cuando sellé de un portazo el cuarto para asegurarme de que nadie pudiera entrar en la próxima década.

En la oscuridad la tome entre mis brazos y la besé con la misma intensidad que en el auto, mordí su cuello e hice que su piel me recordara por las marcas que dejé. Mis manos iban lentas pero firmes por su cintura a sus caderas y de ahí hacia sus nalgas casi como si entre ellas y yo no hubiese ningún vestido.

Cuando llegué a su trasero lo apreté con fuerza, en esta ocasión no se trataba de admirarla como el monumento que es. Sino de coger con fuerza sus nalgas y aventarla hacia arriba para cargarla en mis brazos mientras instintivamente habría sus piernas para envolverme con ellas e inevitablemente sentir mi muy marcada erección. Y si digo muy marcada, no es porque me crea la octava maravilla del mundo, sino porque en verdad mi pene estaba tan apretado en el pantalón que sentía que iba a estallar.

Permanecimos en un movimiento pendular hasta que los brazos me pesaron, su cabello estaba por todo mi rostro pero no dejaba de besar y morderme, en un intento suyo por recobrar el control mordía tan fuerte que corto mi labio y el sabor de la sangre inundó nuestros paladares…

¡Yummy!

La arrojé sobre la cama, ella intentaba con desesperación chupar mi labio herido, no besarme, chupar.

La gire boca abajo y arrodillada y recargada en sus brazos, no me fue difícil desprenderla de su pantaleta. Creo que ella no se lo esperaba, pero ya liberado mi pene de la apretada prisión y hábilmente me habría colocado un condón. Cuando soltó un largo gemido que juro se escucho por todo el pasillo del hotel, la penetré de “perrito” y por detrás comenzaba a moverme disfrutando cada centímetro de su piel recorrer el largo de mi piel.

Yo aún me encontraba vestido y ella ya era una loca envuelta entre sus telas, despeinada, mojada, con sabor a sangre en la boca y cogida fuertemente por detrás.

Creo que pocas posiciones son tan perfectas como esa, mientras ella abría más sus piernas para ajustar la altura en la que su vagina debía ser penetrada, yo colocaba en sus caderas mis manos. Se dice fácil, pero el hecho de tener mis manos sobre ella era la más espectacular de las vistas y la más sublime de las sensaciones que pocas veces he podido sentir.

Coger con ella era de lo mejor de esta vida.

Me sumergí en las sensaciones de sus músculos contrayéndose y en el vaivén de sus caderas. Aunque mis manos le guiaban, hace rato que era su propio ritmo el que llevaba la penetración. Decidí inclinarme al frente hasta que mi pecho golpeara su espalda y de inmediato ella recordó mis labios, se giro en un incómodo movimiento sólo para jalar de mi nuca y chupar la sangre de mis labios en un ritmo que nunca cedió.

Confieso que me costó más de lo habitual controlar mi orgasmo, la respiración ya no me era suficiente y la sensaciones se me estaban revolviendo, la única manera de no venirme hubiera sido sacar mis pensamientos de la habitación pero, ¿qué caso tendría estar ausente y perderme de esta maravillosa historia?

Sentí sus músculos contraerse con fuerza, su respiración intercalarse con gemidos, sus labios que no se habían apartado de los míos mordieron con más fuera y la mano de su nuca casi arrancó mi cabello. No sólo era maravilloso sentir su orgasmo llegar, era también el momento indicado.

¿Cómo podría describir a dos personas acopladas tan bien? ¿Cómo podría describir tanto deseo en un sólo espacio? ¿Tanta intensidad y fuerza reunida? ¿Cómo podría describir que ambos nos venimos al mismo tiempo? En un orgasmo largo y profundo en el que nos relajamos a tal grado que despertamos desnudos casi en la misma posición en la que comenzamos.

– Jonathan

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8 comentarios en “De un orgasmo a un sueño.”

    1. Me resultó asombroso leer tu comentario.

      Creo que hasta cierto punto podría ser bueno, es decir, ¿cuánto se puede evitar realmente que alguien plagie algo tuyo y lo ponga a su nombre en Internet? Es prácticamente imposible.

      Puede que hoy sea este chico, puede que mañana sea cualquier adolescente de 15 años que le dedique uno de mis poemas a su novia, y entonces ¿cuál sería el problema?, yo me sentiría infinitamente halagado porque mis palabras representen algo tan digno para ellos en nombre del amor.

      No, definitivamente después de meditarlo un poco, no me siento ofendido.

      De que alguien, quien quiera que sea lo tome como suyo, que al final para eso es la poesía o lo erótico, son para ser vividos en carne propia, justo como sucede cuando leemos a Sabines, a Benedetti. Nosotros no pensamos en ellos ni en el amor que le tuvo a su musa y a su inspiración, somos egoístas y pensamos sólo en esa persona a quien amamos y razón del plagio en el corazón de un poema.

      ¿Cuántos poemas yo mismo no me habré yo robado?

      Y no me refiero a escribir y decir que son míos, sino al leerlos, al dedicarlos y sentirlos hasta lo más profundo de mis huesos. Cuando jamás pensé en Rulfo mientras me enamoraba de sus poemas y de un montoncito de nubes que tuve por novia. ¿cuántos poemas no hice míos al dedicarlos con el alma?… porque así los sentí.

      Y creo que para un escritor eso es alimento para el alma.

      Al final, los poquitos lectores que pueda tener, sabrán por su fidelidad la forma de escribir mía y si tengo un poco de fortuna, se me reconocerá.

      Si no, ¿a quién más le pertenece un poema sino a quien hace suyo?

      Halagado, me siento halagado.

      1. La verdad me siento apenado por esto que acontece pues el relato como te diste cuenta me gusto muchisimo, en ningún momento creo yo que aparezco como autor del mismo, ni tenia conocimiento que era ajeno, me lo pasaron por un correo E-mail y me gusto tanto que quise compartirlo, así mismo al ver el comentario que me dejaste, estuve revisando y el anterior al que publique como si fuese una historia le puse tu firma y link pues me di cuenta que son tuyos o que por lo menos lo has publicado muchisimo antes que yo… Pido disculpas de verdad… Y repito me encanto lo que escribiste.

        1. El hecho que te haya llegado incluso por correo me parece impresionante, no te disculpes. Me disculpo yo por “egoísta” porque gracias a ello ahora se un poco más sobre el impacto que puede llegar a tener el escribir y eso me motiva muchísimo.

          Gracias a ti por este maravilloso malentendido.

          Honrado estoy.

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