in Historias, Poesía

Ola

— Hola, ella dice.

— Ola, le respondo:

como caricia que ha tocado mi playa,
que después de haber partido, por fin regresa
cuál deseo intenso que mis recuerdos atraviesa;
habiéndose llevado todo, dejando nada.

Ola,

que arrastra de a poco mi sonrisa,
convierte el tiempo y lo llama brisa,
un eterno zigzagueo de suaves risas que escondidas
se arrastran en tu cuello y se tornan en caricias.

Ola,

que con los barcos a la mar se vuelven
con historias de vasos convertidos en tormentas,
dichosas tontas que de esperanza se alimentan,
pero a puerto vuelven, siempre  fieles.

Ola,

con furia apasionada
y altivos bríos de impotentes vistas
borrando las huellas de esta; mi inútil conquista
partiendo de nuevo, alejándose en aparente calma.

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  1. El pleamar, por más que intente llegar al cielo, es un eterno retorno a la transparencia, a los recuerdos, a los buenos tiempos. ¿Qué tienes tú de mar que aunque quieto y callado, cálido y también a veces frío, siempre me haces regresar? Aquí estoy, de nuevo. Te extrañé. Ola.