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Un café que quita el sueño 2

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El departamento de Dián no quedaba particularmente cerca, sin embargo ya había iniciado la carrera en su dirección. Él lo sabía y quería correr para tener el tiempo suficiente de recordar en su agitado camino los detalles de ese sueño que hasta hace unos minutos había descubierto que fueron su realidad.

Correr lo mantendría consciente y alerta, no quería perder ningún detalle de aquellas piezas de rompecabezas que tenía por recuerdos.

Tenía muy claro el sueño, los detalles de su encuentro, de las bebidas, de la música, las risas y  los chistes tontos. Pero justo así habían sido sus anteriores sueños, aquel no le representaría mayor interés de no ser por las palabras de Sebastián. Y justo eso era lo más difícil, afrontar que ese sueño recurrente era realidad.

Cuando subía las escaleras de su departamento, por fin le hizo falta el aliento y esos breves momentos en los que subió paso a paso los escalones fueron los más pacíficos que Dián tendría en mucho tiempo. La falta de oxígeno le fue notable y por un breve periodo de tiempo fue libre de todo pensamiento.

Abrió la puerta de un portazo y se quedo parado observando al rededor, abrió los ojos grandes mientras inspeccionaba los detalles. La agitación le volvía poco a poco mientras se recuperaba del esfuerzo. Tal vez no era agitación, quizás era la impresión de no saber si continuaba soñando o estaba viviendo.

Después de una celosa inspección al departamento, Dián no pudo notar nada relevante además de lo obvio, sólo el aroma que ella había impregnado en la almohada, misma que aspiró durante varios minutos.

– ¡Sebastián! Se dijo en voz alta.

Seguramente él tendría detalles del encuentro con la chica de sus sueños. Se giro y dejó la habitación. Un par de minutos después, el teléfono sonó en el departamento vacío; la contestadora sólo grabó unos segundos de silencio.

El silencio de una chica que se había quedado muda mordiéndose los labios, una chica que en su estómago se esforzaba por decir algo y que sus penas fueron tan grandes que ahogaron sus palabras.

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

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