Mujeres que por acierto de la ironía, cruzaron la vida de todo hombre. Y aunque cada circunstancia será distinta, en definitiva en algún momento amamos con intensidad a esa mujer cuyo título no merece más que nuestro agradecimiento.

No a una.

Ex novia:

O debería decir, sobreviviente de nuestra historia. Quiero dar las gracias por coincidir, por arriesgarnos y no morir en el intento; aunque algunas veces lo hubiesemos deseado con la misma behemencia que te desee en mi cama desnuda algún día.

Sin planearlo nos hicimos más fuertes de lo que creímos serlo, nos enseñamos de una u otra manera tanta experiencia que no habría podido  vivir con nadie más.

Si me comporté mal contigo te ruego me disculpes, en aquél entonces ni la madurez ni el valor me dieron para más. Y no es que justifique mis acciones, sino que lo que pasó, ya pasó y lejos de querer cambiarlo aprendí de ello y aprendí también a pedirte este perdón.

Si fuiste “mala” conmigo quiero decirte que todo esta olvidado, la vida con el tiempo me dio la humilde lección de que no existen enemigos sino maestros de cuyas acciones sean que las consideremos buenas o malas, de ellos debemos aprender la lección de imitar lo sano y evitar lo hiriente.

Amiga de mi pasado, por todo el tiempo que pasamos juntos más en las buenas que en las malas brindo contigo. Cómplice de mis fantasías, por todo el desgaste que vivimos en la cama embriagados de amor hasta hartarnos. Irónica apatía, por tanto espacio entre nosotros cuando un día por el otro lo hubiésemos dado todo. Hermana de vida, a regañadientes y enfurecidos pero convencidos de que al final fue mejor dejarnos ir.

Agradecido estoy con vos, porque estoy convencido de que al final hemos ganado, pues de lo que era un destino; ahora hicimos dos.

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