Dime qué luchas tienes y te diré quién eres

Supongo que las luchas cambian siempre. Antes, en la adolescencia se trataba sobre la libertad, la individualidad, el derecho de elegir, de ser único; eso que muchos llaman rebeldía –al menos en mi caso–. Supongo que cada uno vivió sus propias luchas, algunas justificadas y otras simplemente por el flujo de la corriente.

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Mi compañera

No, no eres mi luna,
ni yo soy tu planeta,
aunque de entre todas las estrellas
tú eres mi una.

Eres esta dulce órbita
que va más allá de los cometas
el magnetismo que orienta
y me acerca a la conquista.

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Había una vez

Había una vez un chico que comenzó a contar una historia, él escribía lo que le llegase a la mente, mezclaba verdades con fantasías, el erotismo de las palabras con la mágica ficción de mundos inherentes.

Él escribía sus historias para ti, porque esperaba que algún día llegases aquí y cayeras en la trampa de sus letras, escribía porque quería encontrarte y una vez presa nunca querría soltarte.

Aún sin conocerte él te imaginaba, así, perfecta como eres. Te esperó detrás de la pluma y el papel, de la rutina de los amaneceres; paciente y anhelante. Te imaginó de mil maneras y te buscó en mil mujeres pero siempre se topo con el mismo fracaso en todas ellas. Ninguna eras tú.

Así que tuvo una loca visión y creo este espacio, donde relataría que de entre todas las mujeres eras tú el motivo de seguir buscando, que de entre todos sus fracasos te encontraría a ti, su ser amado.

Y había una vez una chica que llegó inesperadamente al que creyó un sitio más y sin embargo encontró un extraño resguardo a sus curiosidades y demás. Si bien no dijo nada, supo en ese instante que algo de su esencia allí le esperaba, aunque no supo distinguir si se trataba del antes, del después, o quizás de una vida pasada.

Ella se sonreía al leer sus letras, él continuaba narrándolas con vocación y aunque aún no se conocían; ambos supieron que encontraron el amor.

(Im)perfectos

No somos perfectos,
pero perfecto como somos nos quiero.
Agradezco la perfecta condición de nuestro encuentro,
porque encuentro en nosotros perfección.

Perfecto que me quieras, pues te quiero;
perfecto que imperfectos seamos dos.

Confesión

Quiero confesar lo que vengo escondiendo,
de rodillas, en papel, al teléfono o de frente.
Quiero que sepas que te quiero,
del día a la noche, de la luna menguante  hasta el cuarto creciente.

Quiero que sepas que aunque no lo sepas ya eres mía,
a ojos cerrados cuando tu imagen se cuela en mi pensamiento.
Entérate que también me siento tuyo,
de brazos abiertos, a capa y espada, con el pecho ardiendo.

Quiero que lo sepas porque debes saberlo,
porque me obliga el corazón, la consciencia, el interior.
Escucha mi vibrante voz a grito entero,
siéntelo sincero, honesto, humilde y sin temor.

Quiero declarar que soy culpable,
de acosarte, desearte y luego esconderte la mirada.
Quiero que sientas este deseo incontrolable,
que ya no puedo seguir fingiendo, ni ocultándote las ganas.

Quiero pedirte un instante,
tú decides cuándo, dónde y el vestido.
Quiero advertirte sobre el deseo palpante
de compartirte mis días, mis besos, mi destino.

Enamórate

Enamórate.
Enamórate de la mañana y su Sol.
Enamórate de la Luna y de unos brazos el calor.
Enamórate del aroma del mar y de su brisa.
Enamórate del ave, su vuelo y su voz.
Enamórate del recuerdo de tu madre y su risa.
Enamórate de la meta e incluso del camino atroz.
Enamórate de todos como de uno mismo,
incluso del enemigo porque así conociste de vos.

Enamórate de tu día, de tu sonrisa y de tu canto.
Enamórate de su vestido al verle como nunca bailando.
Enamórate de tu color favorito y vístete de él.
Enamórate de tus zapatos y del cabello al viento ondeando.
Enamórate hasta el error.
Enamórate del caprichoso destino y sus juegos de niño.
Enamórate de esta locura nuestra que al fin nos unió.

Memoria

Memoria, compañía;
cataclismo del espacio mío,
abismo de mis noches,
brisa fresca durante el día.

Memoria, tormenta;
viento, huracán y marea,
barco que de señales se guía,
la Luna llena, el faro que ilumina.

Memoria, avaricia;
de imposibles cruel consejera,
mentiras, ficción y poesía,
cruda y única amiga.

Memoria, rebeldía;
posibilidad en verdad convertida,
oportunidad, necedad, cobardía,
esa terquedad tuya ante la vida.

Memoria, melancolía;
ayeres que me han vuelto loco,
olvídate de ella, pero recuérdalo todo.
Memoria, memoria mía.

 

El columpio

Al igual que el cortometraje anterior llamado Dime que yo@Belial_Eve fue tan amable —y le agradezco horrores— de compartirme este corto que como dice ella:

—A todos nos ha pasado.

Sobra decir que las tías españolas me encantan, con su acento sensual, su voz ronca y disimulada que…, —perdón, eso nada tiene que ver con este artículo, pero me da buenas ideas para escribir un relato—. En fin, disfruten de este corto y verán de lo que estamos hablando.

Preparatoria 2da parte

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Nos saludamos en la fiesta de fin de año de la empresa, en realidad eran varias empresas pertenecientes a un grupo de empresarios pedorros. Al principio, nos acercaron colegas mutuos y no nos reconocimos (es sorprendente como la gente cambia  con los años), nos saludamos de entre un grupo de siete personas, las manos se cruzaron y algunas mejillas se besaron, yo besé la suya pero no me dí cuenta de que era ella hasta que dijeron su nombre.

—Te presento a Roxanne.

¡No putas vergas pinches mames!, el dolor de huevos me regresó de inmediato como un pellizco. Los dos abrimos los ojos grandes grandes y pusimos cara de “no, no puedes ser tú”. Pero sí, eramos nosotros.

Queríamos saber el uno del otro, así que discretamente nos fuimos apartando de nuestros respectivos grupos intentando no hacer tan evidente que nos conocíamos de antes. Tardamos poco más de media hora para estar solos y apartados, bebiendo champagne y platicando tendido, poniéndonos al tanto.

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Preparatoria

Nunca la conocí del todo. Habría escuchado pronunciar su nombre —nada común—, sonaba algo así como “Roxanne”  o eso entendía cuando la llamaban sus amigos. A pesar de tener al rededor de 18 años, su cuerpo era lo que en ese entonces hubiese llamado perfecto. Buenísima la tía, simpática, risueña y pelirroja para acabar de rematar. Y yo, un teto hecho y derecho.

No miento cuando digo que era un teto, hasta usaba el cabello para atrás atiborrado de gel y no usaba camisa a cuadros de puro milagro, pero sí me la pasaba todo el santo día metido en el taller de computación con el resto de mis amigos. Lo cuál no era tan malo porque a pesar de todo, sé que si bien no soy guapo, sí soy atractivo. Y como dicen, en tierra de ciegos el tuerto es rey.

Yo la deseaba desde lejos como no había deseado nunca a una mujer. Crucé un par de palabras con ella en los pasillos de la preparatoria, siempre intentando no parecer estúpido, pero resulta que es precisamente lo que uno termina pareciendo cuando intenta ser algo que no es. Para mí ella era una Diosa.

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