Había una vez

Había una vez un chico que comenzó a contar una historia, él escribía lo que le llegase a la mente, mezclaba verdades con fantasías, el erotismo de las palabras con la mágica ficción de mundos inherentes.

Él escribía sus historias para ti, porque esperaba que algún día llegases aquí y cayeras en la trampa de sus letras, escribía porque quería encontrarte y una vez presa nunca querría soltarte.

Aún sin conocerte él te imaginaba, así, perfecta como eres. Te esperó detrás de la pluma y el papel, de la rutina de los amaneceres; paciente y anhelante. Te imaginó de mil maneras y te buscó en mil mujeres pero siempre se topo con el mismo fracaso en todas ellas. Ninguna eras tú.

Así que tuvo una loca visión y creo este espacio, donde relataría que de entre todas las mujeres eras tú el motivo de seguir buscando, que de entre todos sus fracasos te encontraría a ti, su ser amado.

Y había una vez una chica que llegó inesperadamente al que creyó un sitio más y sin embargo encontró un extraño resguardo a sus curiosidades y demás. Si bien no dijo nada, supo en ese instante que algo de su esencia allí le esperaba, aunque no supo distinguir si se trataba del antes, del después, o quizás de una vida pasada.

Ella se sonreía al leer sus letras, él continuaba narrándolas con vocación y aunque aún no se conocían; ambos supieron que encontraron el amor.

Si yo fuera

Si yo fuera más atrevido te pediría una dirección para enviarte tus flores favoritas, si  fuera más discreto colaría el tema  durante una conversación y averiguaría cuales  flores son.

Si yo fuera más sensato mantendría una distancia prudente para diferenciar cuando sueño y cuando estoy consciente. Si yo fuera más romántico haría de todo esto un poema y la publicaría en mi blog para esconderle discreto y no pareciera tener una propia intención.

Si yo fuera más valiente iría ahora mismo a regalarte lo que mereces, envuelto entre buenas noticias, con sonrisas dibujadas, darte esos detalles que has estado esperando, que has querido encontrar, que nadie ha tenido y que tantos otros se han perdido por andar distraídos.

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Coincidir

Estoy más que agradecido por coincidir en este siglo contigo, por toparnos estando vivos y no leernos escritos en libros; esas historias que nos hacen añorar ser parte de la memoria de alguien más. Y para mí lo es todo, porque no eres una película que me hace llorar, ni los consejos de la abuela que uno debe apreciar, no eres una heroína ni princesa de un reino alejado, no eres aquella musa de un poeta agraciado, ni las esculturas ni cuartillas escritas de un amor pasado.

Y para mí lo es todo, porque seguramente de no haber sido mi presente me hubiera de otra enamorado; quizás de Sor Juana, la Maid de Orléans o de algún personaje de Jane Austen, serías todo lo que en una mujer quisiera encontrar, — serías —  porque estarías en la ficción de un par de letras impresas, buscándonos en otros y vagando como fantasmas en las empolvadas bibliotecas, añorándonos de un libro a otro.

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De casual a sin igual

En un inicio nuestro encuentro sería únicamente casual, meramente un deseo por satisfacer nuestra curiosidad, por explorar esa maravillosa palabra llamada “posibilidad”. Platicamos muy poco de las reglas ¿hubo reglas?, en realidad sólo acordamos acostarnos sin preocuparnos de más y cuando al menos yo sugería las condiciones, lo que pasaría o podría pasar después… Era inevitablemente que esa canción “Yo no sé mañana” sonará en mi mente y luego en teléfono celular para que ambos y en silencio entendiéramos de qué trataba esto.

¿Tras cuantos encuentros se vuelve algo casual?, ¿tras cuantos besos se torna en habitual?, ¿tras cuantos roces te conviertes en anhelada?, ¿tras cuantas mordidas, cuantos orgasmos, cuantas venidas? te convertiste en deseada desde dentro, tal como un impulso de calor que late junto al corazón. Tal y como cuando uno se enchila la boca y respira bocanadas aire fresco bajo esa misma desesperación de picoso pero sabroso; te necesito.

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