Tu nombre

No sé cómo pude llegar a odiarte tan apasionadamente o porque te deseo con tanta locura, ni sé de esta mezcla de sentimientos, pasión o locura o deseo, hambre o sed o aventura. Traigo escrito tu maravilloso nombre en las historias que vengo escribiendo ya sin tinta y que aún no hemos vivido, porque aunque a veces no sea yo tu protagonista tu siempre serás la mejor tinta y papel —digamos— de este soñador que ha aprendido a vivir la locura de tu piel.

Te aprendo con solo recordarte, atento —aunque no me agrade reconocerlo— a tus palabras, a tus viajes, a tus comidas, a tus deseos.

Te odio sin rencor, te odio con envidia.  Amo lo que eres.

Es tan poco el tiempo que te he conocido y es tanto lo que me has dado. Y no el sexo, ni el desayuno, ni la cena, ni siquiera la belleza de tus ojos: Tu locura. Es como mirar algo a través de los dulces ojos de un niño y desearlo sin malicia, pero desearlo hasta las tripas, hasta los sueños, hasta los dibujos, hasta en las líneas de constelaciones trazadas con el dedo.

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