Universos

Exploto con la furia de los universos,
de este y de los habidos y por haber,
con las ganas contenidas en deseos,
sin esperanza alguna por volver.

Porque no importa si estamos haciendo el amor o teniendo sexo, algo que es único en cada ocasión es nuestro orgasmo. Ese momento que dura segundos, instantes quizás, pero eterno a la vez, tan eterno como el preludio para obtenerlo: el coraje de atreverme a conocerte después de mirar tu bamboleo por la fiesta, de tus miradas indiscretas, de los celos por todos los que te rodean porque no estas conmigo. ¡Carajo por qué no estas conmigo! Mirarte de lejos y escuchar mientras me pierdo cuál primate que acude a sus bajos instintos, atracción pues.

Qué corta me parece la historia hasta que llegué a tu piel, que largo el tedio de mi vida a priori de conocerte.

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De un sueño, de un orgasmo.

Que extraños pensamientos me provocas. Si, digo me provocas; porque me resulta más sencillo culparte por estos deseos, estos “tus sentimientos”, estas ganas de ser tuyo, sólo tuyo y no saber de nada más. Mientras que tu influencia sobrevenga y con tu personalidad sin vergüenza, mientras tu tan directa, tan perversa en esta tu fantasía en la que serás mía y sólo mía.

Mirarte constante en el pequeño espacio que tú misma ganaste, aquel rincón de mi vida en el que tus pensamientos y mis palabras persistían, mientras hablabas de deseos, mientras pretendía yo no ser uno de esos. Hasta que no pude más negarte; cuando tu cuerpo se presentó entre mis sueños y mi mente no pensó en otra cosa que desearte.

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