De un sueño, de un orgasmo.

Que extraños pensamientos me provocas. Si, digo me provocas; porque me resulta más sencillo culparte por estos deseos, estos “tus sentimientos”, estas ganas de ser tuyo, sólo tuyo y no saber de nada más. Mientras que tu influencia sobrevenga y con tu personalidad sin vergüenza, mientras tu tan directa, tan perversa en esta tu fantasía en la que serás mía y sólo mía.

Mirarte constante en el pequeño espacio que tú misma ganaste, aquel rincón de mi vida en el que tus pensamientos y mis palabras persistían, mientras hablabas de deseos, mientras pretendía yo no ser uno de esos. Hasta que no pude más negarte; cuando tu cuerpo se presentó entre mis sueños y mi mente no pensó en otra cosa que desearte.

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