A ratos

A ratos me entra la desesperación por correr a tus brazos, pero me acuerdo del mundo, de sus reglas y aquél sermón de lo prohibido y me olvido. Luego me acuerdo de vos — ¿debería? — y de esos ojos claros, tu carita linda y tu cuerpo que precisa ser tocado, —tal cuál— apasionadamente robado, tomado entre caricias para ser amado; se me pierde otra vez el suelo, a ratos se disuelve la inocencia y te deseo, entonces me crecen las alas.

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