Silencios

Te guardo los silencios, te los voy reservando en este espacio vacío. El día que se llenen sus confines ten cuidado, porque son tuyos y seguramente se irán corriendo como perro desatado, hambrientos y determinados en perseguirte como a un camión, perseguirte sin motivo ni  razón aparente, buscando morderte e hincarte el diente hasta penetrar en tu interior.

Duelen, lamento decírtelo pero duelen —bien lo sé—. Porque a veces guardan resentimiento de ser abandonados y cruelmente olvidados al quedarse con la angustia de comenzar alegres en la boca, gloriosos de llegarme a la punta de la lengua, ansiosos de ser pronunciados o entregados a manera de besos, pero en vez terminaron por ser tragados y golpeados luego por un nudo producido en mi garganta, sometidos, humillados y para acabarla de fregar utilizados de relleno en estos los vagos confines de mi corazón.

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