You wanna be my whore?

Esta mañana me levanté tarareando una canción que no existe y vaya que sus estrofas me las sabía de memoria, mientras realizaba mis tareas cotidianas cantaba y cantaba versos como:

Do you wanna be my whore?
I’ll your gentleman,
I’ll dress a gray suit
while you wear heels shoes.

 

She came over me,
blow my mind away,
she also blow my dick
and I came over her.

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Preparatoria 2da parte

← Primera parte

Nos saludamos en la fiesta de fin de año de la empresa, en realidad eran varias empresas pertenecientes a un grupo de empresarios pedorros. Al principio, nos acercaron colegas mutuos y no nos reconocimos (es sorprendente como la gente cambia  con los años), nos saludamos de entre un grupo de siete personas, las manos se cruzaron y algunas mejillas se besaron, yo besé la suya pero no me dí cuenta de que era ella hasta que dijeron su nombre.

—Te presento a Roxanne.

¡No putas vergas pinches mames!, el dolor de huevos me regresó de inmediato como un pellizco. Los dos abrimos los ojos grandes grandes y pusimos cara de “no, no puedes ser tú”. Pero sí, eramos nosotros.

Queríamos saber el uno del otro, así que discretamente nos fuimos apartando de nuestros respectivos grupos intentando no hacer tan evidente que nos conocíamos de antes. Tardamos poco más de media hora para estar solos y apartados, bebiendo champagne y platicando tendido, poniéndonos al tanto.

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Preparatoria

Nunca la conocí del todo. Habría escuchado pronunciar su nombre —nada común—, sonaba algo así como “Roxanne”  o eso entendía cuando la llamaban sus amigos. A pesar de tener al rededor de 18 años, su cuerpo era lo que en ese entonces hubiese llamado perfecto. Buenísima la tía, simpática, risueña y pelirroja para acabar de rematar. Y yo, un teto hecho y derecho.

No miento cuando digo que era un teto, hasta usaba el cabello para atrás atiborrado de gel y no usaba camisa a cuadros de puro milagro, pero sí me la pasaba todo el santo día metido en el taller de computación con el resto de mis amigos. Lo cuál no era tan malo porque a pesar de todo, sé que si bien no soy guapo, sí soy atractivo. Y como dicen, en tierra de ciegos el tuerto es rey.

Yo la deseaba desde lejos como no había deseado nunca a una mujer. Crucé un par de palabras con ella en los pasillos de la preparatoria, siempre intentando no parecer estúpido, pero resulta que es precisamente lo que uno termina pareciendo cuando intenta ser algo que no es. Para mí ella era una Diosa.

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Universos

Exploto con la furia de los universos,
de este y de los habidos y por haber,
con las ganas contenidas en deseos,
sin esperanza alguna por volver.

Porque no importa si estamos haciendo el amor o teniendo sexo, algo que es único en cada ocasión es nuestro orgasmo. Ese momento que dura segundos, instantes quizás, pero eterno a la vez, tan eterno como el preludio para obtenerlo: el coraje de atreverme a conocerte después de mirar tu bamboleo por la fiesta, de tus miradas indiscretas, de los celos por todos los que te rodean porque no estas conmigo. ¡Carajo por qué no estas conmigo! Mirarte de lejos y escuchar mientras me pierdo cuál primate que acude a sus bajos instintos, atracción pues.

Qué corta me parece la historia hasta que llegué a tu piel, que largo el tedio de mi vida a priori de conocerte.

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De casual a sin igual

En un inicio nuestro encuentro sería únicamente casual, meramente un deseo por satisfacer nuestra curiosidad, por explorar esa maravillosa palabra llamada “posibilidad”. Platicamos muy poco de las reglas ¿hubo reglas?, en realidad sólo acordamos acostarnos sin preocuparnos de más y cuando al menos yo sugería las condiciones, lo que pasaría o podría pasar después… Era inevitablemente que esa canción “Yo no sé mañana” sonará en mi mente y luego en teléfono celular para que ambos y en silencio entendiéramos de qué trataba esto.

¿Tras cuantos encuentros se vuelve algo casual?, ¿tras cuantos besos se torna en habitual?, ¿tras cuantos roces te conviertes en anhelada?, ¿tras cuantas mordidas, cuantos orgasmos, cuantas venidas? te convertiste en deseada desde dentro, tal como un impulso de calor que late junto al corazón. Tal y como cuando uno se enchila la boca y respira bocanadas aire fresco bajo esa misma desesperación de picoso pero sabroso; te necesito.

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De un sueño, de un orgasmo.

Que extraños pensamientos me provocas. Si, digo me provocas; porque me resulta más sencillo culparte por estos deseos, estos “tus sentimientos”, estas ganas de ser tuyo, sólo tuyo y no saber de nada más. Mientras que tu influencia sobrevenga y con tu personalidad sin vergüenza, mientras tu tan directa, tan perversa en esta tu fantasía en la que serás mía y sólo mía.

Mirarte constante en el pequeño espacio que tú misma ganaste, aquel rincón de mi vida en el que tus pensamientos y mis palabras persistían, mientras hablabas de deseos, mientras pretendía yo no ser uno de esos. Hasta que no pude más negarte; cuando tu cuerpo se presentó entre mis sueños y mi mente no pensó en otra cosa que desearte.

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