Sombras

Entonces ella entró en la habitación y cerró la puerta con fuerza reflejando su enojo. Yo permanecí en las sombras sin mover un dedo y la observé detenidamente. Claro, ella no era una chica normal, pues en vez de tenderse sobre la cama a llorar, le dió otro uso a esta.

Sin dudarlo se quitó rápidamente el pantalón, abrió las piernas y jugueteó con su mano por encima de su pantaleta. El miedo a que me descubriera se me había ido por completo. Ya todo lo llenaba el deseo de alguien que acosa desde la oscuridad.

Su respiración apenas era perceptible pero distinguía como se agitada a cada minuto, después de unos momentos ya no era solo su mano la que le acariciaba la piel, eran también mis ojos colmados de una lujuria casi perversa. Ella no se estaba masturbando, estaba sacando todos sus demonios hasta que pronto comenzó a retorcerse,  curvar su espalda y a exhalar espasmos en su respiración. Sin duda se estaba viniendo pero para nada terminando. En un segundo se despojó de la poca ropa que le quedaba y la arrojó al armario donde yo me escondía, donde pude —aún más— percibir su olor.

Continue reading