Sirena

Había una vez una isla que habitaba una sirena cuyos poderes —decían— podían volver realidad los sueños de cualquier hombre. Muchos se embarcaron hacía su encuentro sedientos de deseo pero uno tras otro regresaron con las manos vacías maldiciendo los engaños de aquella sirena.

Contaban que una vez habiéndola encontrado y formulado su deseo ella les solicitaba algo a cambio, pero resultaba —para ellos— ser mucho más costoso que el mismo deseo, decían que la sirena pedía demasiado y eran irracionales los sacrificios o tributos a pago. Así que  la reputación de la sirena que concedía deseos se fue deteriorando y de boca en boca sus historias se fueron convirtiendo en rumores, hasta que finalmente su leyenda fue reducida a un cuento vulgar que solo los niños podrían creer.

Precisamente un niño fue quien quedó cautivado con esta historia contada por su abuelo y al paso de los años; una vez convertido en hombre se embarcó a su encuentro a pesar de que muchos le advirtieron sobre la ficción de la leyenda,  otros advirtieron que dicha sirena solo engañaba a los hombres y les quitaba la ilusión de sus sueños.

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